El paradigma pienso luego existo

Pienso luego existo y el inicio del sujeto que conoce
En el paradigma aristotélico el pensar es una conclusión y las premisas son la existencia. Ciertamente una existencia ya dada por hecho, establecida, a la que no se somete a la crítica. El pensar será una explicación y clarificación de la existencia. Esta se convierte en el punto fijo para pensar. Es imposible que el pensar cuestione la existencia; esto será factible con la revolución del sujeto. Esta dimensión da lugar a una lógica unilateral, que es la deducción silogística, en la que el único y universal modo de existir tiene una única manera de expresarse y desplegarse.
El paradigma aristotélico se enuncia en la máxima: existo luego pienso. Si a esto lo ponemos en términos de sujeto y objeto, entonces el sujeto es consecuencia y conclusión, así que es también una explicación más del objeto, una clarificación anexada. La pregunta central del origen del conocimiento estará en ¿”qué es lo que permite pensar”?, cuya respuesta es el objeto; es más la misma existencia del sujeto con su pensar está dada por el objeto.
En física aristotélica, la tierra es el centro del universo; lo existente depende de su centralidad. Todo existe como planeta de ella, incluido el sol. Esto implica que la geometría gobierna el universo, es decir un núcleo pequeño que rige todo el universo, por lo que se “geometriza el universo”. Esta condición física aplicada al conocimiento determina que el objeto es el centro y que el sujeto con todo su pensar y sus predicados, no son sino “planetas” parasitarios sostenidos por el objeto.Un nucleo pequeño gobierna todo el universo del pensar, una realidad externa cosificada define la estructura pensante del grandísimo cerebro. Por lo tanto se geometriza el conocimiento.

Si en cambio se pone como principio: “pienso entonces existo”, se está haciendo un giro copernicano, lo cual está mal dicho, porque ése es para la física, en cambio el Copérnico en el conocimiento es Descartes, por lo tanto es un giro cartesiano. La existencia es la conclusión, depende no sólo por estar, sino tiene su causalidad en el pensar. Estar no implica existencia, sino estar enigmática; el pensar saca la cosa, los cuerpos, la energía de la indiferencia; el pensar evita que se eclipsen las simples presencias. Además el existir no vendrá como consecuencia silogística, pues sería usar la misma metodología aristotélica, sino que la existencia se articula no como inferencia, sino como inducción, por lo que despierta la probabilidad; la cosa no es una deducción, es, antes que nada la que presiona al sujeto, a través de la observación, del experimento, del diseño de ambientes, de la intuición; la que esta disponible a que el sujeto la ubique en diversas dimensiones. La cosa, que está ahí o allí, se va articulando y presionando al sujeto que la piense inductivamente. La existencia se la va descubriendo, sostenida por el pensar desde los casos. El pensar y el existir se correlacionan: en el modelo aristotélico los dos están independientes como realidades atómicas o como mónadas cerradas; el punto de encuentro se daría solo en el de la enunciación universal, pero en cuanto existencia misma, esa tendría sus formas de presentarse y otro tanto para el pensar. En el modelo cartesiano, en cambio, el pensar va definiéndose y conformádose con las presencias de las cosas, eventos, circunstancias, hechos, es decir es un pensar con las cosas, por lo que nace la existencia; igualmente la existencia no es una consecuencia, sino que va defininéndose y confromándose en cuanto es asumida en el pensar, es decir que es un esistir con el pensar.
Si el paradigma lo ponemos en términos de sujeto y objeto, entonces el objeto tiene una relación causal con el sujeto. El objeto está construido y enhebrado en el sujeto. Al inicio del conocimiento no hay objetos dados, éstos son incompletos qeu van formándose y conteniéndose causalmente, es decir por vía de relación y por dependencia. Así que la pregunta fundamental del conocer será ¿”quien es el que permite pensar”? entonces el sujeto. Éste es el dinamizador que conecta su estructura cognitiva a los eventos, datos, circunstancias, contextos, de modo que va construyéndose la visión del objeto. En fin los conceptos, en la versión moderada desde el sujeto, no son estáticos, y congelados; esos son más vale en construcción. Aquí hay un proceso, en el que los eventos se van conectando de manera no psicológica, sino real y ontológica.
Si la tierra fue el centro del universo, geometrizando el universo, en la versión del sujeto, el objeto no es un planeta, sino un constitutivo en el proceso del conocer, no se trata de partir de eventos atómico cerrados y definidos, sino de elementos abiertos; tampoco de dependencias del objeto respecto del sujeto, sino de relación, es decir que no hay referentes, por lo tanto de proyección del sujeto en el objeto, asi como tampoco hay amodalidad, sino modos diversos de presentarse. El cerebro da existencia a los los objetos, no de modo unilateral y definitivo, sino en modalidades.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *